"Enseñando a pescar"

Terapias

Formas de contacto

Artículos Publicados


                                  

 

Terapia Individual y Familiar
Terapia Sexual y de Pareja

  
  


"Enseñando a pescar"

Escrito por Ana I. Rico Prieto, psicóloga y psicoterapeuta de Airema Psicoterapia y publicado en el Suplemento Dominical “Reflejos”, del periódico “Tribuna de Salamanca”, el día 1 de diciembre de 1996.


"Dale a un hombre un pez y le alimentarás un día; enséñale a pescar y le alimentarás toda la vida". Hoy quiero hablarles de mi Profesión: en qué consisten y cómo funcionan las Técnicas de Psicoterapia, y he comenzado con este proverbio porque es la frase que mejor define nuestra labor. Aunque actualmente la mayoría de las personas saben cuál es la función que desarrollamos los Psicólogos, aún existe una mínima parte de la población que no tiene muy claro qué es lo que, en realidad, hacemos y, para este sector, seguimos siendo los loqueros, creando a nuestro alrededor un aroma a tabú que es sinónimo del miedo al "qué dirán" ya que, para ellos, el hecho de que les vean entrar en un Gabinete de Psicoterapia es tanto como colgarse en la propia espalda el sambenito de "loco" o de "demente", con todo el matiz peyorativo que esas palabras pueden aportar. Nada más lejos de la realidad. Por eso, la intención de desvelar en lo posible el gran secreto de unas técnicas destinadas a mejorar la vida del ser humano en su faceta más determinante pero, también, más desconocida, la Psicológica.

A lo largo de todos los años, siglos y milenios de su existencia sobre la faz de la tierra, el hombre, con el único propósito de sobrevivir, tuvo que adaptarse a los cambios que se iban produciendo y su adaptación llegó hasta el punto de conseguir modificar sus características físicas y morfológicas. Pero no sólo cambiaba su cuerpo. También evolucionaba su cerebro e, incondicionalmente unida a él, su mente. Y si complicada era su adaptación física, bastante más esfuerzo suponía su adaptación mental, ya que cada vez eran más difíciles los retos a los que tenía que hacer frente, exigiendo nuevas y aparentemente inimaginables soluciones. Ahora bien, observen que he dicho "aparentemente inimaginables" porque, como tantas veces he mencionado a lo largo de estas páginas, el cerebro tiene potencial suficiente para desarrollar cualquier cosa, sólo es cuestión de, como suele decirse, "ponerle a prueba". Sea como fuere, el caso es que después de tantos avatares evolutivos, hemos venido a dar con nuestros huesos en la era de la informática y los ordenadores; en la era espacial, donde las megacomunicaciones son posibles con sólo pulsar la tecla "Intro" de nuestro ordenador personal; en una era donde todo parece que está inventado, donde todas las necesidades humanas, tanto las primarias, como las secundarias, terciarias, etc... están cubiertas (al menos, y eso es lo más triste, en una parte del planeta); pero también una era donde el hombre, como si no hubiera pasado ni un sólo minuto sobre él, desde que poblara la tierra, se sigue sintiendo insatisfecho e incompleto.

Todo esto tiene como consecuencia directa un replegarse sobre sí mismo, para buscar dentro lo que no puede encontrar fuera, descubriendo entonces su caótica situación psicológica. Y hay muchos que, con una gran dosis de tenacidad y entereza, consiguen reestructurar sus emociones, sus sentimientos, sus ideas, en dos palabras, su estructura psicológica, que sería algo así como el gran ordenador central de los llamados Edificios Inteligentes. Pero hay otras muchas personas que no saben o no pueden reorganizarse y se sumergen en un mar de dudas, de angustias, en pozos sin fondo y callejones sin salida, apareciendo en ellos estados tan diversos como: depresiones, insomnios, el tan afamado estrés, ansiedad, trastornos psicosomáticos, problemas de alimentación, el "mal genio", los conflictos con las personas que les rodean, etc... Y ¡ojo!, eso no significa que estén locos; simple y dramáticamente están confundidos, ignorando cómo salir de esa situación para lograr la anhelada e imprescindible estabilidad emocional.

Y es aquí donde entramos los Psicólogos, poniendo en marcha lo que hemos denominado Psicoterapia. Para esto partimos de la base de que una persona cuenta con todo un conjunto de habilidades, algunas de las cuales están sobreexplotadas, pero otras están por descubrir y entre ellas pueden encontrarse las que tienen la clave para solucionar el problema. Por tanto, nuestra misión va directamente encaminada a descubrir cuáles son, dónde están, cómo funcionan y ponerlas en marcha para que sea luego el propio individuo quien las desarrolle, al principio con nuestra ayuda, pero después por sí mismo, con el fin de terminar o de disminuir al máximo esa situación conflictiva que le estaba haciendo tanto daño. Por eso, los Psicólogos, de alguna manera, "enseñamos a pescar". Sería muy fácil y simple levantar el ánimo a las personas que, ya en última instancia, recurren a nuestros Gabinetes, con sus problemas a cuestas; pero así sólo "les daríamos un pez", una comida cuyos efectos durarían justo lo preciso hasta salir por la puerta del despacho y luego ¿qué?... Por el contrario, al sacar a la luz sus propios recursos y enseñarle a manejarlos adecuadamente, no sólo le abrimos el camino para superar ese conflicto que tanto le afecta en la actualidad, sino que, además, le equipamos con los instrumentos psicológicos necesarios para que pueda hacer frente a cualquier otro conflicto que se le pueda plantear en el futuro.

Cuántos sufrimientos inútiles se evitarían si una persona solicitara ayuda cuando lo necesita, en lugar de entonar el, en algunos casos fatídico, "ya se me pasará". Porque esa actitud es el trampolín más adecuado para caer directamente en lo que llamábamos antes "pozo sin fondo". Y hay quien dirá que caer en manos de un psicólogo es meterse en una red de sesiones de psicoterapia que nunca se acaba. Eso no es cierto, al menos no lo es cuando se trata de auténticos profesionales. Ahora bien, que ese final llegue antes (en 4 ó 5 sesiones) o después, sólo dependerá de lo pronto o tarde que se coja el problema, ya que, cuanto más avanzado se encuentre, más difícil será desenmarañar la red y sacar a la luz los recursos de la propia persona para superarlo y estabilizar, por fin, su vida.





Ana I. Rico Prieto.