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Publicado en el Suplemento Dominical “Reflejos”, del periódico “Tribuna de Salamanca”, el día 15 de septiembre de 1996.

Las Fobias: Una Vivencia Angustiosa

Hablábamos en una ocasión de los miedos y ya entonces comentamos el hecho de que todos los seres humanos, en mayor o menor intensidad, habíamos tenido miedo alguna vez, a lo largo de nuestra vida. Por lo tanto, todos sabemos de qué va y todos tratamos de combatirlo o de superarlo para que no trastorne nuestras experiencias vitales. Pero es que, además, y en honor a la verdad, sentir miedo no sólo es normal en determinadas situaciones, sino que incluso es beneficioso, ya que nos aleja de los peligros y nos mantiene alerta para prevenirlos con tiempo. Se trata, por tanto, de un mecanismo de defensa y de adaptación al mundo que nos rodea. Sin embargo, como todo en esta vida, el miedo también tiene sus límites y en esta raya está la diferencia entre lo que consideramos como miedo normal y lo que se ha dado en denominar como Fobia.

La Fobia es un miedo que va más allá; es un miedo irracional y desproporcionado experimentado ante determinadas situaciones y objetos que, normalmente, no deberían producirlo. No obstante, conlleva también elementos obsesivos ya que, aunque la persona que lo sufre suele reconocer que su temor es absurdo o que es imaginario, y se esfuerza para vencerlo, lo cierto es que siente un impulso incontrolable que le empuja a evitar esa situación a toda costa, a la vez que sufre una terrible angustia. No puede controlar su miedo y eso le lleva a realizar conductas incongruentes que tienen como fatal consecuencia la pérdida de confianza en sí mismo.

Por otra parte, las Fobias, además de conllevar un gran sufrimiento para quienes las padecen, les incapacitan para desenvolverse normalmente, convirtiéndolos en individuos huidizos, ariscos y poco sociables que, incluso, se sienten bloqueados frecuentemente para realizar determinadas actividades y se vuelven desconfiados como única forma de evitar exponerse a la situación que consideran peligrosa. Así, si tuviéramos que señalar las características de una fobia, citaríamos las siguientes: se trata de un pánico o miedo desproporcionado, ante una determinada situación; no puede ser explicado, porque ni el mismo sujeto que lo sufre entiende a qué se debe; se encuentra fuera de control, por tanto no se puede hacer nada para evitarlo, aunque le lleva a huir de la situación temida e incluso de otras que presentan características similares; además, necesitan sentirse acompañados, aunque reconocen la inutilidad de tal medida.

Señalar ahora los objetos que pueden producir fobias sería una tarea harto complicada, ya que cualquier cosa es susceptible de provocarlas; sin embargo, sí se pueden citar algunas situaciones que, con mayor frecuencia, producen este tipo de problemas en las personas; podemos, pues, encontramos con: Fobia a los Espacios, donde podemos citar el miedo a las alturas, a los espacios cerrados (claustrofobia), a los espacios abiertos (agorafobia) y todas sus variantes como espacios públicos, ambientes laborales masificados, salir fuera de casa, etc. Fobia Social, que son miedos producidos por reuniones sociales, fiestas, apariciones en público, etc. Fobia a los Animales, muy conocida y muy frecuente en nuestra sociedad. Fobia a la Enfermedad. Fobia Escolar, que se manifiesta en algunos niños y que tiene su origen, fundamentalmente, en una sobreprotección materna y en una dependencia excesiva de los adultos. Etc, etc.

En cualquier caso, la ansiedad que conlleva cualquiera de ellas aparece cuando el individuo se pone en contacto con la situación que lo provoca; y la sintomatología puede variar desde temblores y sudoración, hasta taquicardias, diarreas, sensación de ahogo, etc. Las reacciones ante esto presentan un amplio abanico de manifestaciones, desde gritos, llanto, hasta huida ciega, inhibición motriz con paralización de los músculos o, en casos extremos, pérdida de la conciencia. Pero no todas las fobias son iguales, ni presentan las mismas complicaciones. Su intensidad y gravedad son muy variables y abarcan desde situaciones leves, en las que incluso la persona que lo padece puede bromear con su problema, aunque no pueda evitarlo, hasta estados de gran sufrimiento que le incapacitan y le bloquean para otras actividades, las cuales, de por sí, supondrían un alivio para su malestar.

He mencionado antes la Fobia a las Enfermedades y esto hay que diferenciarlo de la Neurosis Hipocondríaca, que también ha sido tratada en un artículo anterior. En la primera, lo que se desarrolla es un miedo a padecer una enfermedad, tratando de evitarla y de no exponerse al contagio; mientras que en los estados hipocondríacos, el sujeto tiene el convencimiento de que "ya" padece la enfermedad, considera que los síntomas son reales y, por tanto, vive dicha enfermedad como si la estuviera sufriendo en todo su apogeo.

También es necesario mencionar el hecho de que, en ocasiones, una fobia puede aparecer de manera espontánea, sin que se dé un condicionante previo o sin que haya un punto de partida que sirva de referencia. En todo caso, y cualquiera que sea el objeto con el que se relaciona, sería necesario tratarlo con una Psicoterapia adecuada para que no degenere en un serio problema que imposibilite a la víctima para cualquier actividad, tenga o no relación con lo que lo produce.

 

Ana I. Rico Prieto.